Uno de los economistas más respetados del país y una de las voces más escuchadas en el mundo de las finanzas, vino a Chile a un seminario del Instituto Libertad y Desarrollo y habló de cuál es su visión de Chile: “Positiva, pero…”.

Sebastián Edwards, economista, profesor de International Business Economics UCLA Anderson School of Management, mencionado como posible ministro de Hacienda en ambos lados del espectro político. Amigo de Velasco Andrés, Eyzaguirre Sebastián, Flores Fernando y Piñera Sebastián, como se diría en el colegio. Es de esas personas que de tanto vivir fuera de Chile, de tanto dictar charlas, de tanto salir en medios extranjeros como una eminencia, se le permite esa sutil ambigüedad política de estar en todos los frentes y de opinar con bastante libertad política respecto de todos los temas. No obstante, es irremediable ligarlo más con un ala de derecha liberal. Edwards es un “Chicago boy”. Estudio e hizo su doctorado en esa universidad a fines de los ’70. Si usted ha vivido en Marte durante las últimas dos décadas y no sabe por qué este profesor es tan cotizado, sepa que es columnista del “Wall Street Journal” y editor asociado de otras cinco publicaciones especializadas. Ha trabajado para el Banco Mundial, el FMI y toda clase de instituciones internacionales y, para colmo, en el 2004 como consejero del gobernador de California, Arnold Schwarzenegger. Desde su posición de intelectual de la economía, siempre tiene esas sorpresas en sus análisis que dejan a todos expectantes y esperando que vuelva luego. “Chávez, como factor político latinoamericano, está muerto. A todo aquel que apoya pierde la elección, Perú y México serán los mejores ejemplo de ello, en Brasil y Argentina ya no lo pueden ver, el único que puede resucitarlo es George W. Bush y, en ese sentido, nunca hay que subestimar la capacidad para meter las patas del Presidente de los Estados Unidos”, asegura cuando todos le temen al “monstruo” venezolano. Se podría decir que Edwards es un optimista escéptico, que evalúa con frialdad lo que se ha hecho bien, pero se da el tiempo de llamar la atención en lo que se ha hecho mal.

–En términos económicos, ¿cómo hay que ver el vaso de Chile: mitad lleno o mitad vacío?
–Mitad lleno, pero a la mitad.

–Concretamente, ¿qué significa eso?
–La economía, obviamente, está andando bien, hay crecimiento, hay aumento del ingreso, hay aumento del poder adquisitivo, especialmente en las capas medias, de productos suntuarios, pero, al mismo tiempo, el desempleo sigue demasiado alto. 7,9 por ciento de desempleo es obsceno para Chile. Los términos de intercambio han mejorado en un 35 por ciento, las tasas de interés internacionales siguen muy bajas y el G3 completo en crecimiento, cuestión que no se apreciaba hace décadas. Con todos esos factores, Chile debiera estar creciendo al 9 por ciento. Falta claridad de parte de los empresarios y de los consumidores, claridad que les permitiría aumentar su inversión y su consumo de manera más entusiasta. No lo hacen porque hay una cierta incertidumbre respecto de qué es lo que va a pasar con la economía chilena que no se refiere a que va a volver el estatismo al país, sino que al contrario, es una falta de claridad en el sentido de si realmente vamos a apostar por la innovación, la modernidad o si nos vamos a contentar con ser los mejores del barrio. Esa indefinición tiene frenada la inversión.

–Le otorga usted mucha responsabilidad al empresariado. ¿Cuál es el rol que cumple la autoridad en ese sentido?
–No le pongo tanta responsabilidad al empresariado ni a los consumidores, porque ambos son sectores que responden a estímulos. Si no sabemos si el árbitro nos va a cobrar off side o no, o si va a ser particularmente severo con respecto a las reglas, es difícil que el empresariado se defina. Esa guía es algo que tiene que hacer la autoridad de gobierno y legislativa también. Es imperativo que la clase política tome decisiones y marque la cancha pronto.

–¿Cómo ve un gobierno de Michelle Bachelet que tiene un Parlamento con mayoría, pero que en políticas económicas sobre todo, es mucho más de izquierda que La Moneda y Andrés Velasco?
–En ese contexto, la estrategia ideal sería que empezara a producirse una relación más transversal y más de caso a caso en lo relativo a proyectos económicos. Me refiero a que se produzca una libertad para que dentro de la Concertación haya parlamentarios que se descuelguen y que los apoyos a cada proyecto tengan que ver con las verdaderas convicciones de los senadores y diputados respecto de cada iniciativa legal. Así sucede en otros países, donde los legisladores votan de acuerdo al mérito de cada proyecto más que por orden de partido o de bloques. En la medida que logremos transitar a este esquema, esto va a andar muy bien. Si eso se va a producir o no, es difícil saberlo en este momento.

–Pero ya hace unas semanas vimos en el caso del proyecto de las subcontrataciones, que varios senadores no estaban de acuerdo con no ir a una comisión mixta y se alinearon por lo que usted dice que no debiera hacerse. Pareciera que las cosas van completamente para el otro lado, ¿o no?
–Pareciera que las cosas van a mantenerse con los vicios tradicionales de la legislación en bloque.

“No hay magia en políticas fiscales”
–¿Qué le parece la ley de subcontratación aprobada?
–Es una ley bien intencionada, pero el camino al infierno está lleno de buenas intenciones.

–¿No sigue siendo el mismo tira y afloja de la reforma laboral anterior respecto de la negociación sindical interempresas?
–Hay mucho de eso, pero lo que es más importante es que sustrae las relaciones laborales del mundo de los adultos y los mueve al mundo que tiene que estar monitoreado por un gran papá y yo creo que eso es negativo. Hay que respetar a la gente y su capacidad de tomar decisiones. Si en vez de rigidizar estas relaciones, ponemos una red de seguridad para cuando las cosas salgan mal, los resultados serán mucho mejores.

–Usted al principio hablaba de la confianza de los empresarios que tenía a la economía expectante. Todas estas reformas, buenas o no, siempre van a atentar contra la seguridad jurídica que las empresas piden. ¿Cómo se puede avanzar, entonces, si todos estamos atados de manos frente a los capitales invertidos por los empresarios?
–Uno avanza evitando la improvisación. Muchas de estas reglas son producto de haber promulgado leyes que después resulta que no son las más adecuadas. Mientras más se improvise, más hay que lamentar después. Hemos improvisado demasiado. Hay que entender que si estos cambios van a ser un costo grande siempre, entonces, al menos este set de reglas hagámoslo integral, duradero y bien hecho. Eso todo el mundo lo va a entender.

–Piñera, en su programa, proponía un superávit fiscal del cero por ciento para enfrentar con más agresividad la pobreza en Chile. ¿Se han invertido los roles en la política chilena, en que la Concertación parece más conservadora fiscalmente que la Alianza?
–La Concertación, y especialmente el gobierno saliente, defendía ostensiblemente su invento que era el superávit estructural y eso no debiera sorprendernos. Ahora, no hay ninguna magia es políticas fiscales. Todo es conversable. La aplicación del 1 por ciento permanente terminaría por convertir al Estado chileno en un sector público superavitario permanente, en el sentido de ser un acreedor neto del orden del 15 por ciento del producto y no hay ninguna razón para pensar que eso es el ideal. Por lo tanto, no hay nada mágico con el 1 por ciento y perfectamente podría ser 0,5 o hasta cero, como propuso Sebastián Piñera.

–¿Teme a la improvisación, a estas fórmulas mágicas que cada sector de la economía parece tener para gastar los excedentes del cobre, por ejemplo?
–En estas cosas no se puede improvisar, porque el costo es muy alto. “¡Mandemos a los profesores de secundaria a estudiar a Australia por tres meses!”. Eso suena muy bien, quizás resulte, pero no significa que haya que hacerlo. También suena bien que Chile organice las próximas olimpíadas, pero no significa que haya que hacerlo. Tenemos una larga historia de tomar atajos que se ha traducido en una lista de ejemplos de políticas públicas lamentables. Si realmente queremos ser un país que ascienda a la categoría de desarrollado, partamos por convertirnos en un país más serio, más reflexivo, donde las cosas se hagan bien, que se estudien, lo que no significa que se posterguen para siempre, ni que se haga comisión, tras comisión, tras comisión. Eso es realmente ser un país desarrollado.

–¿Qué opina de esta solución tipo fondo noruego (FEES) que propuso el ministro Velasco para frenar la caída del dólar?
–Creo que es una medida que va en la dirección correcta, pero que hay que ver una serie de factores respecto de su funcionamiento.

–Usted dijo que si el dólar llegaba a 500 pesos, había que intervenir.
–Cuando yo dije eso, fui muy criticado por muchas razones. Primero porque se dijo que Edwards está loco, nunca va a llegar a 500 pesos (ríe), y segundo, porque se dijo que no había que intervenir, porque somos una economía seria. Hoy está claro que tuve la razón.

Con este valor del cobre, ¿qué precio del dólar se puede esperar?
–No hay que soñar con un dólar a 650, porque eso es muy improbable en el corto plazo.

 

“Andrés Velasco es mucho más analítico, más cerebral. Nicolás Eyzaguirre funciona más por instintos. Velasco es un jugador de ajedrez. A mí me gusta más el estilo de Velasco, reconociendo que Eyzaguirre lo hizo muy bien”.

–¿Le parecen suficientes las medidas anunciadas por Andrés Velasco para frenar la caída del dólar?
–Las medidas anunciadas por el ministro Velasco no son suficientes, pero van en la dirección correcta. Hay que hacer tres cosas adicionales, que por lo demás ya se han discutido en Chile, porque el nivel del debate es muy bueno. Hay que ampliar la inversión de las AFP en el extranjero, el Banco Central debe tener una política de reservas internacionales más proactiva, porque sus reservas han bajado muchísimo en el último tiempo y también debe estar dispuesto a hacer intervenciones puntuales que le hagan ver a los especuladores que hay una preocupación frente al tema. Sumado a eso hay que fomentar medidas a favor de la productividad, como son la flexibilidad laboral y una verdadera revolución en lo que se refiere a innovación y educación.

“No hay nada más progresista que dar trabajo”
–En términos técnicos, ¿qué tan diferentes son Velasco e Eyzaguirre?
–Son de una escuela similar, pero Eyzaguirre tuvo una carrera anterior al ministerio muy práctica. Velasco es mucho más analítico, más cerebral. Eyzaguirre funciona más por instintos, Velasco es un jugador de ajedrez. A mí me gusta más el estilo de Velasco, reconociendo que Nicolás Eyzaguirre lo hizo muy bien. Finalmente, en su actitud respecto de la economía de mercado y respecto de la competencia, específicamente entendiéndola como motor de las actividades de la sociedad, Eyzaguirre llegó al convencimiento de que éste era el mejor sistema para que una economía funcionara. De manera intelectual, tuvo que convencerse a sí mismo de ello. Andrés Velasco lo tiene en el ADN. Es más…

–No tuvo una juventud hippie.
–(Ríe). Digamos que tuvo una juventud menos hippie…

–Para muchos, la Concertación ha dado un giro sutil en su administración económica con Eyzaguirre y con Velasco, en el que se pasa de un sistema tipo “Chicago boys” a un sistema más “progre”, con más acento en las políticas sociales como instrumento para combatir la desigualdad. ¿Le parece positivo ese giro?
–No hay nada más progresista que darle empleo a la gente; si las políticas sociales se traducen en un estancamiento del desempleo en el 7,9 por ciento, son políticas sociales incorrectas. En segundo término, no habría nada más progresista que crear las condiciones económicas, logísticas y de infraestructura que permitan a las mujeres pobres entrar al mercado laboral. La gran razón técnica de la desigualdad en Chile es que en las familias de clase media, media alta y alta, trabajan dos personas al menos por hogar. En la clase baja, la mujer casi nunca trabaja en una labor remunerada y eso es porque no hay trabajo por horas, no hay trabajo part time, no hay medias jornadas. Muchas veces los empleos están muy lejos y la locomoción no es buena.

–El desempleo en Chile está relativamente estancado desde hace cinco años. ¿Es producto de ese fenómeno que usted describe?
–El desempleo en Chile es muy alto, porque la ley laboral y el sistema de empleo es mala. Es anti mujer, anti joven y anti empleo, y no hay emprendedores que estén dispuestos a contratar a cinco o seis personas en un proyecto que no se sabe si va a resultar o no.

–¿Dónde está el balance? Porque la discusión en Chile está planteada en dos polos, empleo precario con cesantía en torno al 4 por ciento o empleo seguro con desempleo en torno al 10.

–El balance está en la “flexiguridad”. O sea, una cierta red de seguridad que permite amortiguar el golpe de los empleados frente al fracaso de una empresa y que, a cambio de eso, haya una flexibilidad para que las empresas tengan mayor discrecionalidad a la hora de contratar gente de acuerdo a sus necesidades. Es un sistema sajón, infinitamente mejor que el nuestro. Desde Frei hasta el momento, todo lo que tenga que ver con ley laboral ha ido en un sentido contrario a éste. En el fondo, se trata de entender que tanto empresarios como trabajadores son adultos y son capaces de ponerse de acuerdo en cuáles son sus condiciones para trabajar juntos. Es que es tan obvio. Imagínate que sale una ley que te obliga a casarte con una niña después de salir una vez, ¿qué va a pasar? ¡Nadie se casa! ¡Ni loco!

Max Campino
Fotos: Ronny Belmar

Sebastián Edwards: “7,9 % de desempleo es obsceno para Chile”
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